martes, 28 de febrero de 2012

CONSTRUIR EN TIEMPOS DE CRISIS

El pasado 15 de diciembre, y con ocasión del manifiesto Construir en tiempos de crisis, tuvo lugar  un encuentro con Bernhard Scholz, presidente de la ‘Compagnia delle Opere’, en el salón de actos del Colegio Internacional J.H. Newman.

Pregunta. La crisis en España está golpeando duramente en todos los ámbitos. Todos la sufrimos en primera persona o en la carne de amigos y familiares. Yo soy abogado y lo vivo permanentemente a través de incontables clientes. Se hacen muchos diagnósticos sobre el origen y las causas de la crisis y ya parecen bastante claras, aunque se sigan discutiendo. Así, podemos caer en la tentación de echarle la culpa a causas extrínsecas, pero cada vez gana más terreno la tesis de la responsabilidad compartida por todos, empresarios, trabajadores, familias… Se oyen comentarios del estilo de “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”, “nuestro endeudamiento era excesivo”, “hemos tomado decisiones sobre la base de una prosperidad que no acabaría nunca”... Sin embargo, es un juicio que sigue siendo algo difuso. Tengo la impresión de que no terminamos de entender qué es lo que tenemos que aprender y que pensamos que cuando esto pase volveremos a las andadas. Y mi pregunta sería :

¿Qué nos enseña esta crisis? ¿cuál es la causa fundamental y, por tanto, cuál es la enseñanza fundamental, la corrección principal para cada uno? Para centrar más la cuestión, la pregunta la haría especialmente dirigida al mundo del trabajo y empresarial ¿qué debo aprender yo de esta crisis como empresario?

Scholz. De la crisis tenemos muchas cosas que aprender. Yo solamente voy a explicar alguna de las cuestiones que me parecen más importantes.

Detengámonos en las causas de la crisis: una de ellas es que el beneficio de empresas bancos ha pasado a ser un fin en sí mismo y no el instrumento que debería ser. En el mundo económico la financiación es muy importante, pero debe estar al servicio de la economía. No voy a hacer un análisis técnico de este problema, pero sí quiero ir a las causas de esta inversión de los factores: la causa es un problema con un origen antropológico. Es fruto del “quererlo todo y quererlo ya”. Por eso, en lugar de utilizar las ganancias en el desarrollo de la empresa, se han usado para obtener un beneficio. La banca ha hecho esto mismo elevado a la enésima potencia. Por tanto, se ha perdido la idea de que el beneficio, la ganancia y el dinero sirven para construir, y se ha desvirtuado la idea de que toda empresa es un bien para todos, porque realmente la empresa crea empleo, bienes y servicios, ayuda al crecimiento y desarrollo de un territorio, y por tanto es un bien, tiene un valor. De ahí que la primera cosa que debemos aprender es que el trabajo de cada uno y el trabajo conjunto de una empresa es un bien para todos y para uno mismo.

Siguiendo esta lógica de quererlo todo en el momento, tanto la deuda pública como la privada han crecido de forma exagerada. Por eso no podemos quejarnos de que los bancos tengan más poder que los Estados, porque han sido los éstos quienes han cedido soberanía a los bancos con su endeudamiento.  ¿Y por qué se ha llegado a este nivel de deuda pública? Porque era la única forma que tenía el Estado para darlo todo y de inmediato. Así, ha habido un crecimiento sin el esfuerzo y sacrificio que exige todo desarrollo equilibrado, que requiere tenacidad, paciencia y perseverancia.

Y ahora nos encontramos en esta situación, donde el individualismo exagerado ha sustituido a la solidaridad humana. De ahí que ahora estemos nuevamente aprendiendo el sentido del trabajo, el sentido del dinero, el sentido de la solidaridad. Si aprendemos todo esto, entonces esta crisis será realmente una oportunidad. Lo espero de verdad, porque muchas personas lo están pasando mal y deseo que su sufrimiento no sea inútil. También espero que todos aprendamos las lecciones que tenemos que sacar y que pongamos en práctica de inmediato lo que hemos aprendido a través de una gestión diferente de las empresas, pensando en el medio y largo plazo, educando a nuestros hijos en la paciencia y en la capacidad del trabajo para construir su propia vida.

Moderador. Veo que has empezado a describir una sociedad actual y un futuro inmediato que no volverá a ser como antes, a pesar del optimismo cínico que nos hace seguir pensando que volveremos a estar bien. Lo que esta pasando nos hará vivir de otra forma. Me gustaría que a lo largo de tu intervención incidas en este punto.

Pregunta. Yo quisiera plantear una cuestión que últimamente nos planteamos los que trabajamos en el ámbito educativo.

Cuando se habla del origen o causas de la crisis muchos reconocen un problema de tipo educativo de la sociedad en general, o incluso de los agentes o instituciones que han educado o educan a las nuevas y viejas generaciones. En este sentido también las obras educativas se están planteando cómo dar respuesta a la gravedad de esta crisis. Pero observamos que la mayoría reducen el papel de la educación de los jóvenes a dos objetivos. Por una parte, centran la finalidad educativa en una concepción puramente académica o utilitarista de la educación: “formemos a los mejores profesionales, competentes y eficaces para cumplir las demandas del mercado laboral”; y, por otro lado, reduciendo la propuesta educativa a crear “buenos ciudadanos”, gente formada en valores como la honestidad, el buen hacer, el esfuerzo o viejos valores “del pasado” como la austeridad o el sacrificio.

¿Qué responsabilidad crees que nos jugamos hoy los que trabajamos en el ámbito educativo (sean profesores de colegio y universidad o padres de familia) en la educación de los jóvenes?

Scholz. Ahora están surgiendo por doquier predicadores de la austeridad, del ahorro, de la nueva ética, que crean nuevas normas. El problema no éste.

Yo creo que lo que acabo de comentar sobre el origen de la crisis nace de una traición al propio deseo porque el hombre no desea el beneficio, el hombre desea construir, construir algo útil para sí mismo y para el mundo, desea trabajar bien, tener relaciones positivas con los demás, ser solidario con los otros. El hombre no desea ser enemigo de nadie para así poder ganar, tampoco desea vivir como dice Hobbes bajo la idea de homo homini lupus (lobo para el hombre) . El hombre desea el bien.

Es evidente que existe la tentación de renunciar a este deseo verdadero. Y por eso es necesario ser educados para ser fieles al deseo y es precisamente la fidelidad al deseo lo que hacer descubrir la forma auténtica de vivir el propio deseo humano a las personas. Sabemos muy bien que podemos establecer una infinidad de reglas, pero también sabemos que las normas no garantizan el desarrollo y, sobre todo, que no favorecen el crecimiento de la persona.

Si nosotros analizamos la historia de Occidente, lo que observamos es que los grandes saltos culturales siempre han sido momentos en los que la creatividad humana ha sido fiel a este deseo. Es necesario, por tanto, provocar y educar en las personas la fidelidad al deseo profundo del hombre: ¿Qué es lo que de verdad quieres en la vida? ¿Te satisface verdaderamente el éxito en las finanzas? ¿Satisface tu deseo el beneficio exagerado? ¿Y si tú lo tienes todo y te pierdes a ti mismo? Tenemos que tener el coraje de ponernos delante de estas preguntas. Y la cuestión no es imponer una nueva doctrina que después cada uno aplique de una forma más o menos coherente, sino hacer a cada persona protagonista nuevamente de su propia vida, y no esclavo de su instinto o de las ideologías que circulan por el mundo.

Por tanto el reto educativo es enorme, porque prácticamente todos los modelos educativos buscan encasillar a la persona siguiendo una regla, y por eso prácticamente todos los proyectos son para educar el comportamiento y no a un sujeto nuevo, y hasta que no haya un sujeto nuevo, auténticamente humano y positivo, seremos esclavos de las condiciones en las que vivimos. Desde mi punto de vista este es el gran reto educativo.

Esto está en relación con lo que el moderador decía antes: el mundo en el que vivíamos antes no volverá, porque no volveremos a ser como antes. Vivimos en un momento dramático que es una auténtica transición, que requiere un esfuerzo, un trabajo, como ha dicho el Cardenal Scola, y sabemos que nuestros hijos tendrán que construir un nuevo futuro a partir de lo que nosotros empezamos a hacer hoy.

Ayer comentaba con unos amigos que cuando yo era joven tenía claro que el crecimiento económico era algo lineal, que podría llegar algún momento de parón, incluso de bajada, pero que a largo plazo siempre se recuperaría. Ahora sin embargo vemos que van a cambiar muchas cosas, cambia la economía mundial y tendrá que cambiar de alguna forma Europa. No podemos tener miedo a esto: tengamos la esperanza de que esto suponga una ocasión para que el hombre que ha cedido su protagonismo al desarrollo anónimo cambie y se sorprenda como protagonista de su propia vida.

El hombre se ha olvidado del hombre, pero ahora podemos volver a descubrirnos verdaderamente hombres. Esto es realmente un trabajo, un sufrimiento que conlleva un bien como en un parto. No es una cuestión de optimismo o pesimismo, porque como dice un amigo mío un optimista es un pesimista mal informado. No es cuestión de temperamento sino de realismo el afirmar que el hombre es un bien, que su vida es un don y que las circunstancias le son dadas para descubrirse a sí mismo y también para descubrir el destino de su propia vida. Esto es una experiencia realmente positiva. Si estamos acompañados este trabajo lo hacemos entre todos, para uno que está solo es imposible. Por tanto la educación se convierte en algo fundamental.

Estoy seguro de que los jóvenes construirán un futuro distinto, yo les veo, y estoy seguro de que quienes son conscientes de los problemas, son más fuertes y arriesgados que muchos adultos.

Pregunta. Oigo de muchos amigos que tienen empresas que ven cómo muchos empresarios de su entorno apremiados por la crisis se empiezan a mover con una decisión, un realismo y unas verdaderas ganas de afrontar la situación actual, que antes no tenían. La crisis ha impuesto de alguna manera su ley y deja menos espacios a las especulaciones en el mundo de la pequeña empresa; y además ayuda a entender que el trabajo, generar, es un bien que no se puede dar por descontado, por obvio.

Yo he trabajado casi toda mi vida en multinacionales, y llevo hechos nueve expedientes de re-gulación de empleo. Lo que veo a mi alrededor es algo muy diferente: lo que ha hecho la crisis es que todos vean el trabajo como algo deseable de tener, pero que el mantenerlo no depende en absoluto del resultado del trabajo de cada uno, sino de otros factores que están muy lejos de su capacidad de influencia. Y realmente es así. El trabajo pues, necesita tener un valor en sí mismo. Esto vale para todos, pero en una situación como la que describo, parece que la crisis no sólo no ayuda a encontrar un valor objetivo a responder bien al trabajo, sino que pone de manifiesto que trabajar bien para mantener el trabajo no puede ser la respuesta.

¿Cuál es pues el valor del trabajo y cómo ayudar a ponerlo de manifiesto entre mis compañeros?


Scholz: El trabajo es una respuesta a un deseo. El trabajo es una respuesta a una necesidad pero antes que eso es una respuesta a un deseo. Digo esto porque es importante para comprender lo que diré a continuación. La necesidad nace de un deseo, porque tú quieres vivir bien, quieres sacar adelante una familia, quieres expresarte a través de tu trabajo,… todo estos son deseos que se convierten en necesidad, toda necesidad surge de un deseo. Por tanto el motor es el deseo.

En estos momentos hay que abandonar muchos esquemas y hace falta volver a pensar y volver a descubrir nuevos horizontes en el mundo del trabajo. Yo no quiero hacer comparaciones radicales, ni con aquellos tiempos en los que las personas tenían que emigrar a otros continentes para poder trabajar, cosa que históricamente ha sucedido en muchísimas ocasiones. Creo que en estos tiempos tenemos la necesidad de ir a descubrir nuevos países, descubrir nuevas formas de colaboración entre empresas y de encontrar nuevas formas de gestión financiera para ellas y muchas cosas más, pero la cuestión que quiero destacar es que no podemos pensar que las empresas saldrán adelante como son en la actualidad: muchas empresas tienen que cambiar por ejemplo saliendo al extranjero. Si nos fijamos hoy en día en las empresas que mejor van, observaremos que son las que tienen relaciones en el extranjero y que, a su vez, se convierten en posibilidades para las empresas que trabajan con ellos. Las empresas que se quedan aisladas no pueden salir adelante y prosperar. Hay que crear redes entre empresas.

Hay que mirar verdaderamente al talento, a las capacidades que uno tiene y ver las oportunidades que ofrece el mercado, sin pensar en el tópico de “yo siempre lo he hecho así y tengo que seguir haciéndolo como hasta ahora” Hay que pensar más en el potencial que en la forma y, aunque esto no es una solución para todos, sí lo es para la mayoría.

Por tanto el trabajo se tiene que descubrir en la propia fuerza creativa y en su capacidad para encontrar nuevas formas, incluso con el coraje de cerrar una puerta para abrir otra. Pero esta solución es imposible para uno que está solo, aislado asilado del mundo.

Nosotros insistimos en la necesidad de una amistad operativa, como llamamos a la Compañía de las Obras, no porque queramos hacer de ella una determinada bandera, sino porque estamos verdaderamente convencidos que ciertas cosas sólo se pueden hacer juntos, en compañía de gente. Un hombre solo, aislado, tiene miedo y se paraliza, es débil no solo profesionalmente sino también a la hora de tomar decisiones, mientras que dentro de una relación con otros es más fácil el intercambio de información y de experiencias. En una amistad uno esta abierto y las cosas se pueden afrontar juntos.
Todo tipo de crisis nos pone delante dos alternativas: cerrarse o abrirse. Instintivamente la crisis frena, cierra y provoca actitudes defensivas, esto ocurre incluso en las crisis personales. Sin embargo, una crisis, por su propia naturaleza, hay que afrontarla con la máxima apertura superando ese momento de cerrazón instintiva. Uno de los síntomas de esta cerrazón, es que las personas se cierran es si mismas pero echan la culpa a todos los demás y toda la actividad se reduce al hecho de encontrar un culpable. Pero esto no ayuda a nadie.

Por lo tanto la máxima prioridad es encontrar nuevas vías y nuevas soluciones. En la asamblea general de la Compañía de las Obras de Italia pedimos a seis empresarios que dieran otros tantos testimonios. Uno de ellos es propietario de una empresa del sector mecánico y que con grandísimos sacrificios está superando la crisis; también se lo pedimos a un grandísimo empresario que tuvo que cerrar la empresa que creó hace ocho años. Este hombre se pasó los dos últimos años gestionando el cierre de la empresa que puso en marcha y en contra de lo que muchos puedan pensar, el fracaso de su empresa no le definió, pues la ha cerrado con gran sufrimiento pero con una libertad absoluta y ahora ha encontrado un nuevo trabajo. ¿Cómo es posible todo esto? Porque tenía amigos que le han acompañado y sostenido durante este tiempo y esto he ha evitado caer en la depresión.

Por eso creo que es muy importante vivir relaciones verdaderas que ayudan a asumir la propia responsabilidad sin ser sustituido. El gran enemigo de la persona es la soledad, porque el hombre encerrado en sí mismo se pierde. Sólo dentro de una relación se permanece siendo uno mismo, porque la relación no es un refugio, una relación que fuera así sería una relación insana. Sucede igual en la familia, donde la tarea de los padres no es la de proteger a a los hijos sino lanzarlos al mundo.

Pregunta. A mi me gustaría aprovechar para incidir un poco sobre la subsidiariedad, y poder situar todos los ejemplos que aparecen en el manifiesto de Comunión y Liberación “Construir en tiempos de crisis” en su lugar adecuado sin que se confundan con un voluntarismo o activismo.
En España tenemos una mentalidad muy estatalista y garantista y por eso me ayudaría bastante situar con mayor precisión a la subsidiariedad en el mapa. De ahí la pregunta ¿cuál sería el programa electoral del ‘partido de la subsidiariedad’?

Scholz. La subsidiariedad es la primacía de la persona y de su libertad, como condición de un desarrollo verdaderamente humano.

¿Qué es lo contrario a esto? Pongamos como ejemplo el colegio en el que se celebra esta acto (n.d.r. Colegio Internacional J.H. Newman). Este colegio ha nacido por iniciativa de un grupo de personas que han tenido una gran estima por la educación de los chicos. Históricamente colegios, universidades, hospitales nacieron por iniciativa del pueblo -de grupos de personas, de colectivos, de órdenes religiosas- y han surgido a partir de una experiencia de base, del pueblo. En cierto momento y por motivos en los que no me quiero detener, el Estado asumió todo esto. El sistema escolar, la sanidad pública, la asistencia social,… todo se ha convirtió en estatal y lo privado pasó a ser casi una excepción. ¿Por qué? Porque parecía que la organización estatal era más eficaz, más potente y más fuerte. En determinadas ocasiones era incluso así, pues había zonas en las cuales no había hospitales, ni colegios, y por ello el Estado creó allí colegios, hospitales e infraestructuras.

Por tanto no es un mal que el Estado haga algo, el asunto consiste en que el Estado no debe sustituir a la iniciativa de la gente. Esto es la subsidiariedad.

Hoy en día los Estados tienen grandes problemas para gestionar estos sistemas sanitarios y escolares, en unas situaciones más y en otras menos, pero a pesar de esto, el problema no es la eficacia organizativa, el problema consiste en la disminución de la iniciativa de la persona, en la mengua del protagonismo del que hemos hablado. Es como si todo se delegara a la administración pública, a un gran mecanismo bien organizado del que todos somos empleado. En consecuencia, la expresión libre de la persona disminuye. Y esto es un problema. Es un problema para la sociedad, porque al final sólo queda el individuo aislado por un lado y el Estado por otro, una masa de individuos gestionados por una gran organización estatal. Además de ahí nace una burocracia infinita. Por eso el Papa León XIII dijo que no se puede dejar que la persona individual pierda su iniciativa y todo sea gestionado de forma centralizada, porque así se debilita la persona y la sociedad.

La subsidiariedad es que aquello que puede hacerlo una realidad social inferior no debe ser hecho por una realidad social superior; es decir, la primacía de la persona y de sus agrupaciones frente a la organización estatal.

Yo creo que en estos momentos estamos volviendo a este punto, porque el emprendedor que tiene problemas con su empresa encuentra más apoyo y ayuda en un grupo de amigos que le ayudan a afrontar el problema que en la administración pública. Una familia en la que el padre está en el paro, ¿dónde puede encontrar apoyo, sino es en otras familias? El Estado no puede hacer esto, la administración pública no llega a entrar en estas necesidades. Por lo tanto estamos redescubriendo el valor de las relaciones humanas sencillas; “¿necesitas algo? Yo te ayudo en la medida en que puedo”. No es que tengas un problema y  a mí no me toca porque se supone que se ocupa otro que está no se sabe dónde.

De esta forma se supera el modelo según el cual somos una masa de individuos aislados y en el que los organismos públicos responden frente a cualquier necesidad. Esto, claramente es una provocación para cada uno, porque ayudar a una persona supone un esfuerzo, pero eso supone una ocasión de redescubrir el deseo verdadero que tenemos dentro, pues en última instancia nosotros deseamos vivir estas relaciones.

Planteo una pregunta: ¿estamos más satisfechos cuando nos vamos a la cama habiendo sido útiles para alguien o cuando a lo largo del día lo único que hemos hecho ha sido atender nuestras propias cosas? El indicador es nuestra satisfacción verdadera y autentica, no es el placer. Preguntémonos de forma sencilla cuándo estamos verdaderamente satisfechos: lo estamos cuando realmente somos fieles a nuestro propio deseo. Sin embargo cuando hemos vivido muchas situaciones de placer no estamos realmente satisfechos.

Pregunta La realidad es positiva porque pone en marcha la persona. ¿Puedes explicar porqué dices que la realidad es positiva en un momento como este? Hace falta mucho coraje para decirle que la realidad es positiva a una persona que ha perdido el trabajo o a uno que tiene una enfermedad.

Scholz. La realidad es positiva porque existe, porque existo. Parto de mi propia realidad personal. Yo existo. Esto, ¿es un bien o un mal? Es un bien. Tú existes, tú estás, con tu deseo, con tu talento, con tus capacidades, eso es un bien. Esto quiere decir que la realidad es positiva. Y tú, ¿te has hecho a ti mismo? En este preciso instante, ¿me hago a mí mismo? No. Quiere decir que he sido querido por alguien, por alguna cosa. Y esto, o es una condena o es una promesa.

Esto no quiere decir que todo vaya bien, sino que todo es un bien que con el paso del tiempo emerge y se pone de manifiesto. Cada cierto tiempo, sobre todo en momentos de dificultad, me repito esto “yo soy Tú que me haces”, porque en ese momento, o dependo de las circunstancias, de la situación o dependo de otra cosa distinta. Esto es una pregunta muy radical pero muy decisiva, porque las circunstancias son las que son, sean buenas o malas, pero lo que sí está claro es que no pueden explicar ni decir quién soy yo. La gran paradoja es que las circunstancias no expresan quien soy yo, pero me son dadas para que pueda descubrir quién soy. Por lo tanto las circunstancias no son mis enemigas, me son dadas para construir algo. Esta construcción puede ser muy complicada y llena de sacrificios pero puede ser una oportunidad para construir mi vida y ayudar a otros a construir la suya.

Poder decir que la realidad es positiva no significa ser ingenuo, quiere decir que lo que me permite descubrir la positividad que se revela dentro de las cosas es algo que nos es dado. Quiero poner un ejemplo muy sencillo: todos tenemos unos años a nuestras espaldas y tenemos una experiencia rica. Si nos preguntamos qué es lo que nos ha hecho crecer en la vida, qué cosas nos han hecho descubrir la grandeza de nuestra vida, qué es lo que nos ha hecho crecer incluso en el amor por los demás, ¿qué responderíamos? ¿Han sido los momentos fáciles o los difíciles? ¿Eran momentos donde todo estaba tranquilo o momentos que nos han puesto a prueba? La respuesta se las tiene quedar cada uno a sí mismo.
En este sentido la realidad es positiva y no está en mi contra, no es un impedimento hacia mi propio destino, es buena, incluso cuando hay momentos en el que no entiendo lo que sucede. Yo, como cualquiera, he tenido momentos en los que no encontraba la bondad en lo que ocurría, donde me parecía que todo se acababa, pero después, sin embargo, he entendido. Por tanto hay que tener una cierta confianza que no es irracional porque parte de la propia experiencia.

En este sentido esta crisis, como dice el manifiesto “Construir en tiempos de crisis”, nos permite construir, no sobre arenas movedizas sino sobre roca. Por eso, tengo esperanza plena en que este momento servirá para descubrir dónde está la roca y construir un futuro digno de nuestro deseo.
Como he dicho antes, estoy muy agradecido por poder ver actuar a mis hijos y a muchos de sus amigos que están convencidos de que es posible construir.

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Breve reseña biográfica de B. Scholz  aquí